martes, 27 de septiembre de 2011

Guernica en Gernika


La obra maestra de Picasso presidió el acto de varios expresos de ETA en Gernika pidiendo a la banda terrorista un alto el fuego permanente. Pudo verse en el atril de oradores, proyectado en pantalla gigante y como portada del dossier repartido entre el público.

El “Guernica” es el cuadro más instrumentalizado de la historia, tanto que hay historiadores que dicen que más que una obra de arte, es una pancarta.

En los años 60 y 70 el cuadro vivió una situación paradójica: por un lado era el símbolo de la lucha por la independencia del País Vasco y póster imprescindible en las habitaciones de todo joven anti-franquista que se preciara (junto a la imagen del Ché Guevara); por el otro, la derecha intentaba apropiarse de él para limpiar su imagen en el extranjero. Dicen que Franco llegó incluso a negociar con Picasso para traerlo a Madrid y así venderse como el reconciliador de España. No lo consiguió.

Que antiguos presos de ETA escojan precisamente el “Guernica” para presidir su acto de concordia es digno de análisis porque da un mensaje ambiguo sobre sus verdaderas intenciones. ¿Qué mensaje querían lanzar? Si ven en el cuadro una denuncia general contra toda violencia (la lectura más aceptada hoy en día), su utilización en el acto significaría una llamada a la reconciliación entre los dos bandos.

Pero si entienden el “Guernica” como el símbolo de la represión contra los vascos, la cosa cambia mucho. Hablar de paz y reconciliación mientras exhibes en un lienzo a los tuyos siendo masacrados no parece que lance un mensaje precisamente de concordia. Más bien resulta una advertencia.

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